Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL
DE GÉNERO
4.- CAPITALISMO ACTUAL Y OPRESION DE LA MUJER ACTUAL:
¿Por qué hablamos de capitalismo y mujer actuales cuando en las páginas anteriores hemos insistido reiteradamente en la dialéctica de lo viejo, lo permanente y lo nuevo? Pues para entrar en directo a uno de los temas cruciales, a saber, ¿ha variado cualitativamente el presente y el futuro de la mujer por el hecho de haber variado también cualitativamente la sociedad capitalista, como se nos asegura? La verdad es que oímos y leemos de todo, que si el capitalismo ha desaparecido porque "ha muerto la clase trabajadora", que si el capitalismo ha cambiado hacia otras formas totalmente nuevas en las que desaparece la lucha material por el poder material para imponerse la lucha simbólica por el poder informativo y simbólico, que si los Estados han perdido todas sus antiguas atribuciones y son cadáveres en manos de las grandes corporaciones y transnacionales, que si la vida va a cambiar hasta hacerse irreconocible al generalizarse el uso de las nuevas tecnologías de todo tipo, y así un largo etcétera. Sin embargo, cuando pinchamos esos globos vemos que sólo tienen el aire de la propaganda porque dentro no hay otra cosa que demagogia. Y ese vacío es tanto más insoportable cuanto que no dicen apenas nada sobre la mujer, cuando todos los datos analizados por colectivos progresistas activan las sirenas de alarma y encienden las luces rojas de peligro.
En Euskal Herria este bombardeo tiene características propias provenientes del interés especial de los Estados español y francés por desactivar las condiciones de impulsan la creciente militancia de mujeres jóvenes y mayores en el feminismo abertzale y en otros muchos grupos y movimientos populares. Una de esas características, y no la menor desde luego, es la que expresa el choque civilizacional antagónico entre los restos de cosmovisión euskalduna, preindoeuropea, y la indoeuropea y en concreto la forma actual que adquiere en este momento histórico y en esta parte de Europa la anterior cultura penocéntrica grecorromana. Las culturas franco-españolas dominantes no sólo vociferan sobre los aspectos arriba expuestos sino que también se presentan en Euskal Herria con una especial insistencia en todos los valores machistas y sexistas, reaccionarios, conservadores y con un ya descarado racismo antieuskaldun. Si siempre ha sido necesaria la intervención de los poderes estatales para la continuidad de las relaciones patriarcales, en el caso vasco esa necesidad es imperiosa. Y tanto más lo está siendo y lo será en un futuro como respuesta al crecimiento de la conciencia nacional y muy especialmente, en el tema que tratamos, del aluvión de mujeres jóvenes.
Actualmente, en cualquier debate o discusión sobre el futuro de nuestra nación vasca la presencia de la mujer empieza ya a ser un asunto no sólo de simple "derecho de participación" y de "inclusión en la ciudadanía vasca", sino que también de cuestionamiento radical del viejo concepto masculino de nación, impuesto por la cultura grecorromana y su ontología machista, para avanzar hacia otro diferente, si se quiera "primitivo" -con honor sea dicho- y preindoeuropeo, en el que las relaciones de género no sean en modo alguno como las actuales. Avanzar en esta dirección exige, antes que nada, conocer las tendencias del capitalismo actual y sus efectos sobre la mujer vasca, lo cual nos lleva al problema de la confusión teórica existente y a sus efectos.
4-1).- DESCONCIERTO TEORICO Y MODAS INTELECTUALES:
Dentro del proceso de ampliación y enriquecimiento teórico del feminismo hay que distinguir dos grandes bloques. Uno es el compuesto por estudios creativos y por ello críticos, que muestran la naturaleza de la dominación patriarcal investigando sobre historia, epistemología, ciencia, economía, lingüística, biología, antropología, geografía, arqueología, etc., desde perspectivas globales y con métodos interdisciplinarios. Pero el otro es una masa de interpretaciones baratas y superficialidades universitarias sobre "conciencia", "diferencia", "identidad", "igualdad", "ciudadanía", etc. Esta división no es nueva y se puede constatar su existencia en todas las épocas pues siempre han existido quienes en vez de investigar buscan la fama con tópico y generalidades. A los hombres les sucede otro tanto o peor. Pero hace dos décadas, sobre todo en la intelectualidad masculina no militante, empezó la moda de inventar nombres nuevos para hablar sobre cosas que ya hace un siglo o más eran bastante conocidas o al menos intuidas. Y esa moda se ha reducido incluso a la aceptación acrítica de nombres inventados por la intelectualidad reformista o simplemente por periodistas de la prensa burguesa.
Sin entrar ahora a hacer arqueología de cada uno de ellos, podemos seguir claramente la evolución de esta moda desde que irrumpió la palabra mundialización, luego la de neoliberalismo, más tarde la de globalización para terminar, por ahora, con la de nueva economía; y eso que nos referimos sólo a las que tienen estrictas conexiones con la marca económica mundial, porque si nos extendemos a la sociedad en su conjunto tendemos desde la generalización de la antigua "sociedad postindustrial", hasta la "era de la información" pasando por la "sociedad del riesgo", etc. ¿Y qué decir de las modas político-filosóficas que van desde el "fin de la historia" al "postmodernismo" pasando por el "psotestructuralismo", etc.?
Esta inflación de modas refleja la horfandad y debilidad teórica de muchos intelectuales que no supieron ni pudieron comprender la profundidad de la crisis de comienzos de los setenta para el capitalismo. La crisis irreversible del socialismo burocrático y el agotamiento del papel histórico de la socialdemocracia, como tapón primero del bolchevismo y después del stalinismo, estos factores, además de otros, descolocaron a esa intelectualidad que para comienzos de los noventa no tenía punto de comparación con la intelectualidad revolucionaria de hacía un siglo, la que había investigado majestuosamente bien el tránsito del colonialismo al imperialismo y sus consecuencias sociales, incluidas las que caerían sobre las mujeres. En estas condiciones de parálisis creativa, la dominación ideológica burguesa vía reformismo o vía autoritarismo puro y duro era aplastante. Obviamente se resintieron las capacidades de pensamiento crítico en todos los problemas pero en especial en los más complejos y decisivos como son los de las relaciones de los cambios capitalistas con la emancipación de los pueblos, de las mujeres y de las clases sociales.
Sin embargo basta leer con atención la obra de Marx desde mediados de los cincuenta del siglo XIX, en especial los Grundrisse y el Libro III de El Capital, sin entrar ahora al debate eterno sobre las "profecías teóricas" del Manifiesto Comunista de Marx en 1848 sobre el capitalismo actual e incluso sus frases explícitamente "postmodernas" para escarnio de tanto charlatán; igualmente, basta releer la obra de Lenin sobre el imperialismo y en general la de todos los marxistas de la época, y, para no extendernos, las de Trotsky sobre el fascismo, la política económica del New Deal y la crisis capitalista de los treinta, para descubrir, de un lado, que en esos ochenta años de historia capitalista se habían sentado las bases de procesos actuales que entonces fueron analizados en lo esencial, y hablamos de un período de creatividad teórica sorprendente que va desde 1857 a 1940, por limitarlo con fechas precisas; de otro lado, que el capitalismo ha tenido fases y oleadas en las que la mundialización, el "neoliberalismo", la globalización y hasta la "nueva economía" incluso esta con ese mismo nombre, aparecieron aunque no con el grado de desarrollo tecnológico actual; además, en lo que concierne a la explotación de la mujer, fueron años de decisivos avances prácticos y teóricos que se han silenciado interesadamente para ocultar los cualitativos pasos liberadores instaurados inmediatamente con la victoria revolucionaria en la URSS en 1917, y otras muchas experiencia socialistas, comunistas, anarquistas, libertarias, anarcocomunistas, etc. ,que aún hoy, recuperadas y actualizadas, nos sorprenden por su vigencia, y, por último, que estos y otr@s revolucionaeri@s de esa larga época insistieron siempre en que el futuro y las victorias se deciden sólo con la lucha, que nada está determinado mecánicamente, que pueden ocurrir derrotas y desastres, que el Estado burgués no es una fuerza neutral sino una máquina de terror y que es imprescindible acabar con él e instaurar el poder obrero.
Por razones que no podemos analizar, estos avances prácticos y teóricos fundamentales para el tema que tratamos, el del capitalismo y la emancipación de la mujer, han sido olvidados y en la actualidad son desconocidos por la inmensa mayoría de mujeres que se enfrentan a un futuro incierto y estremecedor sin ninguna referencia, creyendo que nunca ha habido mejora alguna, que su destino está férreamente determinado, en suma, que no hay futuro para ellas ni para sus familias. La responsabilidad de los partidos políticos reformistas es grande en el olvido, silenciamiento o desprestigio de las experiencias e ideas citadas, pero también lo es la de l@s intelectuales progres y acomodad@s en el confort de la vida integrada en el sistema. Hay que saber que en la Europa capitalista de los años sesenta en adelante, prácticamente hasta ahora, el grueso de la intelectualidad ha sido absorbida por las instituciones y por el mercado de consumo rápido de modas ideológicas sin contenidos. Así se ha extendido la creencia de que la suerte de la mujer no sólo está ya echada en el peor de los futuros, sino que encima no tiene apenas relación con la evolución socioeconómica, dependiendo de factores "culturales", "psicológicos", "éticos", "vivenciales", etc., es decir, subjetivos en el sentido unilateral de no guardar relación dialéctica alguna con la objetividad socioeconómica y política.
En Euskal Herria padecemos también esta situación pero en menor medida que en otras naciones. La razón no es otra que la existencia de una lucha global que azuza no sólo la conciencia sino también la práctica de colectivos múltiples. Aunque el nivel alcanzado de comprensión teórica no es todavía suficiente -nunca lo es- no es menos cierto que en muchas luchas y reivindicaciones concretas de todo lo relacionado con la mujer se avanza en alternativas prácticas concretas que son las que en definitiva permiten luego verdaderos avances teóricos. La existencia de esa lucha global tiene una de sus causas en la pervivencia de restos de una cosmovisión preindoeuropea en la que, por lo que ya empezamos a conocer, las relaciones de género no estaban sometidas al poder masculino, al menos con la intensidad de lo que sucedía en la cultura grecorromana e indoeuropea en general.
También en esta cuestión tan importante, el feminismo abertzale empieza a estudiar el pasado y sus posibles lecciones actuales, aunque dentro de una total dejadez de las instituciones regionalistas y de la intelectualidad acomodada, y bajo una creciente presión contraria de los Estados español y francés. Esto confirma dos cosas que en las que estamos insistiendo en el sentido de que, de un lado, si ningún avance del conocimiento crítico es posible al margen de la superación de la resistencia del pensamiento dócil y obediente, en el caso de la liberación de la mujer la resistencia del pensamiento penocéntrico es más fanática; y de otro lado, cuando esta lucha se libra en un contexto de emancipación nacional y social de género, como nuestro caso, entonces se movilizan en su contra todos los recursos conscientes e inconscientes, racionales e irracionales, de que disponen los Estados ocupantes.
Precisamente son estas condiciones de lucha las que exigen a los Estados multiplicar la producción de fugaces modas intelectuales destinadas a obnuvilar, desorientar, saturar los espacios de debate con ruidos, abstracciones y vaciedades atractivas pero insustanciales. Así vemos que los problemas estructurales que afectan a las masas, y en especial a las mujeres, apenas aparecen en la industria de alienación cultural y menos aún en la producción ideológica del pode estatal tanto la que se realiza en su territorio propio como la que se produce en el territorio vasco. Dejando obviamente de lado la bazofia reaccionaria que chorrean l@s intelectuales del Opus Dei y otras organizaciones semiclandestinas paraestatales caracterizadas por su misoginia grecorromana y judeo-cristiana, tenemos la nefasta influencia de la producción alienadora del orden educativo en toda su extensión, desde las primeras horas en la infancia hasta los cursillos de postgraduado pasando por las fases intermedias, especialmente la universitaria.
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